29 de julio: A 60 años de la noche de los bastones largos
Aunque en ese
momento se trataba de un gobierno de facto y hoy de uno democrático, de fondo
hay un denominador común: Estados Unidos, represión, fuga de cerebros y
proyectos paralizados. El 29 de julio de 1966, la dictadura de Onganía reprimió
a la comunidad que defendía la autonomía universitaria.
Para la ciencia, la
tecnología y las universidades públicas, el 29 de julio de 1966 es una de sus
peores fechas.
Ese día, bajo la
dictadura de Juan Carlos Onganía, se produjo la noche de los bastones largos.
Había pasado solo
un mes del inicio de un nuevo golpe de Estado, cuando el presidente de facto
decretó la intervención de las casas de altos estudios y el fin de su
autonomía. En un contexto atravesado por la Guerra Fría y la Doctrina de
Seguridad Nacional, una política impulsada por Estados Unidos para que las
Fuerzas Armadas de América Latina combatieran al “enemigo interno” y
garantizaran el orden, el militar utilizó la excusa del comunismo para terminar
con el pensamiento crítico, la libertad académica y “eliminar las causas de
acción subversiva”.
Bajo este paraguas,
docentes, estudiantes y autoridades de distintas facultades de la UBA fueron
reprimidos y detenidos por la polícia. Entre otras consecuencias, este hecho provocó la renuncia de 1400 profesores y
ayudantes aproximadamente, y la salida del país de más de 300 científicos de
primer nivel.
La
noche de los bastones largos fue el inicio de la decadencia de la ciencia y la
tecnología argentina. Hasta ese momento, con diferentes
miradas y objetivos, se habían conquistado logros importantes para el país.
No obstante, el 29
de julio de 1966 marcó un antes y un después. La dictadura hizo que se
paralicen las investigaciones que estaban vigentes, que se empobrezca la
calidad académica, y que el sector privado tenga mucho más protagonismo a la
hora de definir políticas y áreas de interés.
De esta manera, los
avances en computación, informática, electrónica y semiconductores quedaron
suspendidos.
Seis
décadas después, los desarrollos en materia de salud, industria, tecnología
aeroespacial y satelital penden de un hilo y son custodiados por los
trabajadores que todavía resisten el cientificidio.
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Fuente: Universidad Nacional de Quilmes.