Discapacidad bajo la lupa del ajuste: el Gobierno impulsa una reforma que recorta derechos mientras incumple la ley vigente
Con el argumento de combatir el "fraude", el Ejecutivo envió al Senado un proyecto que endurece el acceso a pensiones, elimina la compatibilidad con el empleo y desarma pilares del sistema.
En medio de una crisis política atravesada por denuncias de corrupción y con fallos judiciales que le ordenan aplicar una normativa que hoy incumple, el Gobierno nacional decidió avanzar con una reforma profunda del sistema de discapacidad.
El
proyecto, titulado "Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez",
ingresó por el Senado y propone modificar sustancialmente la Ley de Emergencia
en Discapacidad N° 27.793, desarmando varios de sus ejes centrales.
La iniciativa se
presenta mientras todavía resuena el escándalo que derivó en la disolución de
la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), en cuya órbita se investigan
presuntas coimas que salpican a funcionarios de alto rango. En ese contexto, el
discurso oficial que apela a la transparencia aparece tensionado por una
realidad judicial que expone posibles maniobras de corrupción dentro del propio
sistema que ahora se pretende reformar.
El corazón del
proyecto apunta a restringir el acceso a las pensiones. Se plantea la
derogación de artículos clave de la ley vigente -los que garantizan la
universalidad de las prestaciones- y un retorno a un esquema basado en la
invalidez laboral. Es decir, ya no se consideraría un enfoque amplio de
discapacidad, sino únicamente la imposibilidad total de trabajar como condición
para acceder a la ayuda estatal. En términos concretos, esto implica una
reducción del universo de beneficiarios.
A la par, se
establece un reempadronamiento obligatorio para todos los titulares de
pensiones por invalidez. Quienes no completen el trámite en los plazos
estipulados enfrentarán la suspensión automática del beneficio y su eventual
baja. El procedimiento incluye la presentación de documentación médica,
socioeconómica y laboral, junto con auditorías cruzadas entre organismos como
ANSES, ARCA y SINTyS. Incluso se habilita la suspensión "preventiva"
ante inconsistencias detectadas, lo que en la práctica podría dejar sin
ingresos a personas en situación de vulnerabilidad antes de que se resuelvan
sus casos.
Otro de los puntos
más controvertidos es la incompatibilidad absoluta entre pensión y empleo
formal. De aprobarse, una persona con discapacidad no podrá mantener el
beneficio si accede a un trabajo registrado. La medida no solo endurece las
condiciones actuales, sino que también elimina incentivos para la inclusión
laboral, al suprimir programas que promovían la contratación de personas con
discapacidad por parte de empresas.
En paralelo, el
proyecto modifica el esquema de prestaciones. Elimina el nomenclador único que
fijaba valores homogéneos en todo el país y desregula la negociación entre
prestadores, obras sociales y prepagas. Este cambio amenaza con fragmentar el
sistema, debilitando el principio de equidad que garantizaba iguales coberturas
independientemente de la capacidad económica o del subsistema de salud al que
pertenezca cada persona.
Las organizaciones
del sector advierten que se trata de un giro estructural. Desde Córdoba, el
referente Leandro Ator cuestionó el nombre del proyecto por
"demonizar al colectivo" y denunció que la iniciativa "quita
derechos" y rompe con el principio de universalidad. Según explicó, el
sistema vigente -respaldado por la Ley 24.901- garantizaba acceso a
prestaciones para todas las personas con discapacidad, sin distinción de
recursos económicos.
El nuevo enfoque,
en cambio, abre la puerta a una lógica de mercado: quien pueda pagar, accederá;
quien no, quedará relegado. El Gobierno justifica la reforma en el crecimiento
de las pensiones por invalidez en las últimas décadas. Sin embargo, desde el
sector señalan que esa narrativa forma parte de una estrategia recurrente en
contextos de ajuste: instalar la idea de fraude para legitimar recortes. Los
antecedentes, aseguran, no respaldan esa hipótesis de manera contundente.
La decisión de enviar el proyecto por el Senado responde a un cálculo político: allí el oficialismo considera tener mayores posibilidades de construir una mayoría. Aun así, el escenario está lejos de ser sencillo. La ley de emergencia en discapacidad, sancionada el año pasado, logró articular a sectores opositores y aliados circunstanciales, generando un costo político significativo para el Gobierno.
La nueva avanzada reabre ese frente. En paralelo, el oficialismo
vuelve a impulsar nuevas leyes mientras se dilata la aplicación de las
vigentes. Ya ocurrió con el financiamiento universitario y ahora se replica en
discapacidad. El resultado es una zona gris donde los derechos
reconocidos por el Congreso y respaldados por la Justicia quedan en suspenso.
◾ Fuente/fotos: por Alejo Paredes/
bigbangnews