En la Universidad de Jujuy desarrollaron con éxito un singular yogurt en polvo, a partir de leche de cabra y con extractos de pitaya que permiten estirar su vida útil hasta por seis meses
⬛ Alguien en Buenos Aires dijo
“¿yogurt en polvo?, debe ser un asco”, pero una pobladora de la Puna de Jujuy
opinó que “está bueno, así podemos llevar yogurt al campo sin tanto peso y
mejor si dura mucho tiempo”.
Lo cierto
es que se realizaron las primeras pruebas exitosas a laboratorio y a escala
planta piloto, y las certezas técnicas que hacen que la Universidad de Jujuy
comience a difundir en sus redes este interesante como novedoso desarrollo.
⬛ Yogurt en polvo, sí. Esta innovadora
propuesta es llevada adelante por un equipo de investigación de la UNJu, que
definió, carismática y estratégicamente, utilizar insumos locales en sus
ingredientes, como son la leche de cabra proveniente de la Quebrada de
Humahuaca y el extracto de pitaya, procedente de las yungas jujeñas.
Sintéticamente, es un yogurt en polvo de leche de cabra, con agregado de
extractos de pitaya, expuesto a un proceso de secado y transformación en polvo.
Los créditos corresponden al equipo del laboratorio IDEAR (Ingeniería para el Desarrollo de la Agroindustria Regional), comandado por Silvina Maldonado y Juan Pablo Soruco, de la Facultad de Ingeniería jujeña.
⬛ Comenta Maldonado que este yogurt
“está listo para ser transferido a alguna empresa o al Estado si estuviera
interesado en invertir”. El producto es elaborado con leche de cabra y no
contiene azúcar, tiene edulcorantes hipocalóricos, además posee antioxidantes y
un distintivo color rosado que se lo da el fruto de la pitaya”.
La
ingeniera agrega que “el proceso consiste en extraer la pulpa de la pitaya que
luego se usa para hacer el extracto de los compuestos antioxidantes y
colorantes, que luego se agregan al yogurt”.
Resulta,
según explica la investigadora, que la pitaya posee funciones antioxidantes a
través de compuestos bioactivos como las betalainas y las betacianinas, que
ayudan a reducir el estrés, evitan el envejecimiento prematuro y, además,
pueden utilizarse como colorante natural.
Una vez
realizado el yogurt de cabra e incorporados los compuestos de la pitaya, se lo
introduce a un secador “spray”, del cual resulta un polvo de atractivo color
rosado.
El secador “spray” (o secador por atomización o aspersión) es un equipo industrial que transforma líquidos, emulsiones o suspensiones en polvo seco de manera casi instantánea. El líquido se pulveriza en gotas muy finas dentro de una cámara, que se exponen a una corriente de aire caliente que las evapora al instante, obteniéndose partículas sólidas secas o polvo.
Maldonado
explica que “el yogurt que estamos haciendo es con leche de cabra descremada,
por lo tanto, es reducido en su contenido graso. La leche de cabra tiene
ventajas en su digestibilidad y en las proteínas que aporta porque tienen
características diferentes a las de la leche de vaca por su estructura
proteica. Además, la configuración de las caseínas de la leche de cabra es
diferente de la de vaca y está asociada con una menor incidencia de alergias”,
completa.
“La leche la pasteurizamos para luego iniciar el proceso de fermentación láctica, o sea, transformarla en yogurt mediante bacterias ácido-lácticas (BAL), que mejoran la seguridad y calidad de los alimentos”.
Explica
Silvina que, al ser un producto en polvo, tiene que ser rehidratado en las
proporciones correctas para ser consumido. De este modo se obtiene un alimento
agradable que aporta cantidades significativas de proteínas y calcio. También,
el polvo de yogurt puede utilizarse en postres y otras preparaciones.
Según
exponen desde el equipo, este yogurt puede tener una vida útil de 6 meses,
superando ampliamente la durabilidad del yogurt en fresco que puede llegar a 3
o 4 semanas, siempre que se encuentre en condiciones de refrigeración
permanente. El deseo del equipo es que el producto prospere en beneficio de los
consumidores y de los productores locales ya que “la leche la traemos de la
Quebrada y la pitaya de los productores de Yuto”.
Este
producto innovador podría ser utilizado en lugares alejados, donde no hay
energía eléctrica o donde es difícil mantener la cadena de frío. Además, por su
alto valor nutritivo podría ser recomendado para personas con deficiencias
nutricionales.
Maldonado
explica que “es clave la presencia de antioxidantes que son sustancias químicas
que sintetizan los vegetales y que también son llamados fitoquímicos. Que
tengan efecto antioxidante implica que tienen la capacidad de capturar
radicales libres, esos radicales se originan en reacciones que se dan en el
organismo y son producto del paso del tiempo. Lo que hacen los antioxidantes es
ayudar a prevenir el envejecimiento prematuro”.
⬛ Por último, cierra esta
investigadora diciendo que “estos desarrollos son realizados completamente por
la universidad pública”, poniendo en valor estos espacios y en clara referencia
a los recortes presupuestarios sufridos.
• Fuente/fotos: Bichos de Campo