Germán Abdala, el dirigente que no se rindió al neoliberalismo
Germán Abdala, el
dirigente que no se rindió al neoliberalismo
Germán “el Turco”
Abdala nació el 12 de febrero de 1955 en Santa Teresita. De ancestros
libaneses, hincha de Boca y peronista, encarnó los rasgos que atravesaron a
generaciones del pueblo argentino. Lo recordamos por haber puesto el cuerpo,
las ideas y la coherencia al servicio de los trabajadores, incluso cuando eso
implicó quedar en soledad frente al poder.
La infancia de
Germán estuvo marcada por la separación de sus padres y el paso por un
internado religioso. Desde chico su padre le inculcó la necesidad de leer,
sobretodo historia. Y tuvo muchos trabajos, ordenanza, vidriero, pintor, sin
abandonar nunca las nutridas lecturas de Fanon, Cooke, Perón, Jauretche y
Lenin.
Ingresó a los
Talleres de Minería estatales gracias a su amigo Víctor De Gennaro y militó en
la Juventud Peronista y la Agrupación Amado Olmos. Con el regreso de la
democracia participó de la Renovación Peronista y, en 1984, fue elegido por sus
compañeros como secretario general de ATE. Desde allí recuperó un gremio
desprestigiado y lo transformó en una referencia del sindicalismo honesto y
combativo.
“Nuestra
experiencia nos demostró que no alcanza con democratizar un sindicato, recuperar
una estructura y ponerla al servicio de los trabajadores. No alcanza si eso no
se potencia con una propuesta política masiva hacia toda la sociedad, si no se
une íntimamente con el resto de las organizaciones sociales y políticas del
país.”
Germán Abdala
militaba por una dirigencia gremial honesta, combativa y con formación
política, surgida del voto de los trabajadores, no subordinada al poder ni al
gobierno de turno, capaz de recuperar sindicatos desprestigiados y ponerlos al
servicio de sus afiliados.
“Va a haber
dirigentes que van a ser mayoría en el movimiento obrero y que van a ser
consecuentes con su mandato, va a haber dirigentes políticos que no van a tomar
la política como una parte mas del jet-set y la frivolidad, que intentaran
cambiar la sociedad en que se vive. Entonces, en ese momento, cuando se
modifiquen esas relaciones de fuerza, estas legislaciones que hoy parecen
terribles derrotas, las vamos a cambiar a todas”.
Más tarde, tras los
indultos a los genocidas, rompería con el menemismo y sumaría voluntades en el
Grupo de los Ocho, que fue justamente un grupo disidente frente al giro
neoliberal que adoptó el peronismo en los años noventa. De esta manera sería
diputado nacional desde 1989 y se destacaría por su férrea oposición a las
privatizaciones, en particular la de Aerolíneas Argentinas, y por una
concepción del Estado como herramienta central de planificación, control y
justicia social.
Uno de sus logros
más importantes fue la llamada Ley Abdala, normativa que estableció la
negociación colectiva para los trabajadores de la Administración Pública
Nacional, así se pudieron discutir sueldos, condiciones laborales y derechos a
través de paritarias, un avance fundamental para el sector estatal.
Él creía en el rol
fundamental de todo Estado. Que no debía estar ausente y mucho menos dejarnos
para ser un botín del mercado. Sino todo lo contrario, el Estado debe ser
fuerte, activo y planificador: capaz de dirigir, fiscalizar y dar asistencia,
al servicio del interés colectivo de proteger y hacer crecer a su pueblo, “El
Estado tiene identidad, tiene sexo, tiene olor, tiene formas de palpitar…
tenemos que recuperar el estado para el pueblo, darle el rostro y el color del
pueblo”.
Aun atravesando una
enfermedad gravísima, mantuvo su compromiso político hasta el final de su vida.
Su última aparición pública fue en el Congreso, en silla de ruedas, para
rechazar la privatización de las jubilaciones. Murió a los 38 años, el 13 de
julio de 1993. Sus cenizas fueron arrojadas al mar en su Santa Teresita natal.
Hoy, frente a la
entrega y el ajuste, su figura sigue viva en la memoria de las y los
trabajadores y en su gremio, el que ayudó a reconstruir, la Asociación
Trabajadores del Estado. Cada lucha que se enfrenta al saqueo y la
traición lleva, impresa la impronta de Germán Abdala.
· Fuente: Equipo de Comuncación ATE Rosario