“No voy a echar a gente honesta”

Por Ezequiel Kosak (*)


Tendríamos que dejar de hablar de Adorni por lo menos dos días para sacar este país adelante.

Pero miren qué interesante la cuenta que hizo Jony Viale: con lo que (por ahora) le encontró la justicia, Adorni lleva gastados 280 sueldos, el equivalente a 23 años de trabajo como funcionario público -aunque apenas lleva dos y pico-. Hasta Jony Viale te lo dice, imaginate si será indisimulable.

En otros medios lo calculan con el salario mínimo, ese que el gobierno considera suficiente remuneración a cambio de ocho horas de trabajo diarias: tardarías 220 años en juntar lo que Adorni ya se gastó en casas, viajes, implantes capilares. 

¿Y Patricia? Una amiga: “Adorni dijo que cuando presente su declaración jurada va a explicar absolutamente todos sus bienes; bueno, que la presente ahora, ¿qué está esperando?”, lo apura por tele. 

“¡Si es lo que va a hacer, ya la tiene preparada, no spoilés!”, le contesta de inmediato Milei, a quien no le importa que a Adorni lo acusen de ladrón y tarde en demostrar lo contrario, porque lo quiere como a un camarada, como a un perro, como a un testaferro.

“Ni en pedo se va, no voy a ejecutar a un inocente”, ¿qué se creen, que Adorni es descartable, como un plato sucio; o como una jubilada, un docente universitario, una persona con discapacidad, en este gobierno anarco-capitalista?

Es raro igual que no lo reemplacen, teniendo de su lado comunicadores tan talentosos y formados como Lilia Lemoine o el gordo Dan. Incluso a Casero, o al Dipy, por la patria, si se lo piden, seguro están listos para asumir la responsabilidad de decir cualquier cosa a la prensa cada mediodía. 

¿Será que Adorni sabe demasiado? Que Karina se queda con el tres por ciento de los sobreprecios en medicamentos para personas con discapacidad, por ejemplo. Aunque eso lo sabe todo el mundo ya.

¿Lo usarán para “llevarse la marca”? Toda la gilada meta hablar de Adorni y no de cómo siguen rematando al país, con nosotres adentro.

Capaz esperan que nos aburramos del tema, que Trump adelante el mundial, y que después de ganar la cuarta, Adorni siga ahí. ¿Qué se piensan, que nos falla la memoria? ¿Qué vamos a permitir que los mismos de siempre nos embauquen una y otra vez? Pasa que a Bullrich, Sturzenegger, Caputo y Scioli no los conocíamos. Pero ahora que los conocemos, nunca más eh.

O por ahí intuyen que, aunque nadie lo admita, en el fondo, las mayorías lo envidian a Adorni: ¿quién no quisiera meterse en política, llenarse de plata sin laburar, reírse en la cara de todo el mundo, y que lo sigan defendiendo como a un honesto padre de familia, un argentino de bien?

“¿Para qué me votan si saben cómo me porto?”, pensará Adorni para sus adentros. “Además, ¿qué van a hacer? Todos los miércoles marchan jubilados que cobran chaucha y palazos de la gendarmería, y nadie los acompaña. Vendemos hasta el agua de los glaciares, y apenas se protesta en la calle. Comprando un par de diputados derogamos toda la legislación laboral, y la CGT no convoca ni a un paro. ¿Y me van a echar a mí, porque no presento unos papeles en la oficina anticorrupción?”.

La casta, si algo no tiene con este gobierno de ricos insensibles e impunes, es miedo.

 Nos mean y los diarios dicen que nos mean, igual no pasa nada. Hasta que pase.

Y yo, mientras espero el estallido, me digo: qué necesidad la de escribir sobre este tipo a estas horas de la noche. Debe ser lo que supo titular la revista Barcelona: pegarle a Adorni es nuestra terapia para sobrellevar la crisis.

¿Qué pasará con nuestras neurosis el día después de que renuncies, Manuel? No te vayas tan pronto, no nos dejes así. Hacéte un viajecito más a las Bahamas, y no jodemos más.


- (*) Ezequiel Kosak: educador de la localidad de Rivera, partido bonaerense de Adolfo Alsina

- Fuente: Cambio 2000