Pobreza infantil en Argentina: casi 6 de cada 10 chicos son pobres y crece la alarma por la alimentación
Un informe de la Universidad Católica
Argentina reveló que el 53,6% de niños y adolescentes vive en la pobreza y que
casi el 30% no come regularmente. Aunque hubo una leve mejora en los
indicadores, persisten desigualdades estructurales.
La pobreza infantil en la Argentina continúa en niveles críticos y expone una de las caras
más persistentes de la crisis social. Según el último informe del Observatorio
de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, el 53,6% de los niños y adolescentes vive en
situación de pobreza, mientras que la indigencia alcanza al 10,7%, en un contexto donde las mejoras recientes no
logran revertir las privaciones estructurales.
El dato más alarmante está vinculado a la alimentación: casi 3 de cada 10 chicos no acceden a una comida adecuada de forma
regular, lo que refleja un nivel de inseguridad alimentaria que se
consolida incluso en escenarios de leve recuperación económica. Lejos de
tratarse de un fenómeno coyuntural, el informe advierte que la pobreza en la
infancia presenta un carácter persistente y desigual,
con fuertes brechas según territorio, nivel socioeconómico y acceso a servicios
básicos.
Una mejora estadística que no cambia la
realidad
El trabajo de la UCA señala que, en comparación con los picos
registrados en los últimos años, hubo una leve reducción de la pobreza
infantil, lo que podría interpretarse como un dato positivo en
términos estadísticos. Sin embargo, ese descenso convive con una situación
social todavía frágil, en la que millones de chicos continúan creciendo en
condiciones de vulnerabilidad.
La combinación de ingresos insuficientes, empleo precario en los hogares y dependencia de asistencia estatal configura un escenario en el que la mejora de los indicadores no se traduce necesariamente en una mejora real de las condiciones de vida. En otras palabras, baja la pobreza medida por ingresos, pero se mantienen —e incluso se profundizan— otras carencias. En ese marco, el informe también advierte sobre déficits en áreas clave como salud, nutrición y acceso a servicios, lo que refuerza la idea de una pobreza más compleja que excede lo estrictamente económico.
Desigualdad territorial y alerta en el
interior
Uno de los ejes más relevantes del diagnóstico es la desigualdad territorial. Si bien el informe difundido
no desagrega por regiones, distintos relevamientos coinciden en que el impacto
es más fuerte en el norte del país, mientras que en áreas metropolitanas y
regiones como el centro —donde se ubica Córdoba— los indicadores también muestran
niveles elevados, aunque con matices.
Esa disparidad refleja una Argentina fragmentada, donde las condiciones
de desarrollo dependen en gran medida del lugar de nacimiento. En ese contexto,
la pobreza infantil se consolida como un problema estructural que atraviesa
generaciones.
El fenómeno, además, se vincula con una creciente dependencia de comedores escolares y comunitarios, que
funcionan como red de contención frente a la falta de ingresos suficientes en
los hogares. En perspectiva, el informe de la Universidad Católica Argentina
deja una advertencia clara: aun cuando los indicadores muestren cierta mejora,
la situación de la infancia sigue marcada por privaciones profundas y
persistentes, lo que plantea desafíos de largo plazo para la
política social y económica.